No hay empresa, local comercial o emprendimiento que no escape de las fauces del Marketing. Solo cabe la posibilidad de aceptarlo con buen criterio y dominar la situación o caer ante la implacable mordida del mercado. La gente es cruel con las propuestas comerciales que no satisfacen sus necesidades o sus expectativas y es imprescindible tomar medidas para evitar caer en la indiferencia o el olvido de nuestros potenciales clientes.-
Cualquiera sea nuestra actividad debemos pensar y reflexionar acerca de cuáles son los clientes a los que nos dirigimos, qué vamos a ofrecerles, qué nos diferencia de nuestra competencia o cuáles son los atributos que harán que el mercado nos escoja a nosotros y no a nuestra competencia entre tantas otras cosas. Iniciar un emprendimiento
comercial, sea del tamaño que sea, nos obliga a atender estas cuestiones previamente ya que, si bien no nos aseguran el éxito, minimizan los riesgos si dominamos las variables que están bajo nuestro control. Y lo más interesante es que si no lo hacemos el mercado percibirá las señales que les enviamos y hará su propia evaluación y sacará sus propias conclusiones. Saber comprender cuáles son nuestros defectos y nuestras virtudes es un muy buen primer paso. Por ejemplo, si quiero poner un almacén o una verdulería y se que no tengo una buena relación con la gente, me enojo con facilidad y tengo poca paciencia es obvio que no voy a poder atender al público. Sabiendo esto es fundamental que ponga a vender a alguien que tenga cualidades y me dedique a otra actividad del negocio. En caso contrario la gente me rechazará naturalmente y fracasaré. Si, por el contrario, mis cualidades me permiten un fluido trato con los clientes lo mejor es no desperdiciarlas y dejar para las actividades administrativas o atención a proveedores a otro y aprovechar yo esas condiciones innatas. ¿Cómo van a ver mi negocio los clientes? ¿Se sentirán bien atendidos? ¿Por qué me comprarán a mi y no al de la vuelta? ¿Qué me hace distinto y por lo tanto me elegirán? son preguntas que deben tener respuesta. En caso contrario quedamos a la buena de Dios y eso se puede evitar pensando un poco y moviendo las piezas correctamente. Nunca olviden que el mercado es cruel y lo integran personas como usted que piensan, sienten y actúan en consecuencia.-
martes, 10 de septiembre de 2013
El equilibrio de las tres patas.
El equilibrio de un consumidor descansa (o al menos debería) en tres pilares. El primero de ellos es el EMOCIONAL. Este es el pilar subjetivo, el de las decisiones por impulso motivadas por el mero gusto o capricho. Colores, modas y encanto se mezclan en este componente que llamaremos LO QUE QUIERO.Claro que aún queriendo hay cosas a los que no se pueden llegar. LO QUE PUEDO es el más dramático límite que nos pone nuestro poder adquisitivo. Acá sólo hay dinero y financiación y sabremos si llegamos o no a ese producto deseado.
Finalmente LO QUE DEBO cierra el círculo. La rigidez de lo técnico es el que marca la cancha. Hay cosas que a pesar de ser del gusto del consumidor no cumplen con cualidades necesarias para la función que deberán cumplir y una nueva frontera limita nuestra subjetividad.
En toda experiencia de compra en lo que lo emocional prime será LO QUE QUIERO el que de el primer paso. LO QUE PUEDO y LO QUE DEBO son los mandamientos que ponen freno más racional a nuestros deseos. Imaginemos que tenemos que comprar una alfombra para nuestra casa. La que más me gusta es muy cara y escapa a mi presupuesto (LO QUE PUEDO es el limitante). Otra que me gusta también mucho y tiene un precio sensiblemente inferior es demasiado débil y frente a un uso intenso no tendrá mucha duración (LO QUE DEBO es ahora el protagonista). Queda claro a esta altura que los consumidores debemos lograr ese equilibrio que se apoya en tres pilares y rigen nuestras experiencias de compra. No pierdas el equilibrio si querés ser un buen comprador.
Finalmente LO QUE DEBO cierra el círculo. La rigidez de lo técnico es el que marca la cancha. Hay cosas que a pesar de ser del gusto del consumidor no cumplen con cualidades necesarias para la función que deberán cumplir y una nueva frontera limita nuestra subjetividad.
En toda experiencia de compra en lo que lo emocional prime será LO QUE QUIERO el que de el primer paso. LO QUE PUEDO y LO QUE DEBO son los mandamientos que ponen freno más racional a nuestros deseos. Imaginemos que tenemos que comprar una alfombra para nuestra casa. La que más me gusta es muy cara y escapa a mi presupuesto (LO QUE PUEDO es el limitante). Otra que me gusta también mucho y tiene un precio sensiblemente inferior es demasiado débil y frente a un uso intenso no tendrá mucha duración (LO QUE DEBO es ahora el protagonista). Queda claro a esta altura que los consumidores debemos lograr ese equilibrio que se apoya en tres pilares y rigen nuestras experiencias de compra. No pierdas el equilibrio si querés ser un buen comprador.
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