Supongamos una familia que decide renovar su baño. Los revestimientos se
ven anticuados, el color es demasiado estridente y han perdido su
brillo original. Los artefactos sanitarios fueron alguna vez blancos. El
tiempo les otorgó un desagradable tono sepia, similar al de la
dentadura del fumador. Las griferías opacaron su cromado. ¿Hay algún
problema funcional? No, todo cumple con su cometido perfectamente. El
deterioro es formal. El baño satisface todos los requerimientos para el
que fue concebido: de las canillas sale agua, el inodoro sigue con su
noble tarea y las paredes y piso permanecen incólumes.-
¿Qué es lo
que motiva entonces la renovación del cuarto de baño? Las funciones para
las que fue construido están ahí sin problemas mayores. ¿Por qué
invertimos dinero, tiempo y esfuerzo en comprar un baño nuevo y en
cambiar aquello que funciona bien? Es porque no estamos comprando
"inodoros, canillas y cerámicos", estamos comprando una mejor calidad de vida.
La necesidad a satisfacer está lejos de ser funcional, tiene un enorme
componente emocional y subjetivo. El objetivo es disfrutar de un espacio
más agradable cada mañana. Sentir que el baño es un lugar grato y hasta
sofisticado. ¡No se necesita un baño! ¡Se necesita una vida más
agradable! Y un baño (o una cocina, o un living) ayudan a conseguirla.-
Pensá en tus compras habituales o recientes ¿qué necesidad estás logrando satisfacer?

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